Parece que el feminismo es cosa de la capital, dónde se puede hablar casi de todo sin juicios raros, sin tener que guardar apariencias para estar integrados e integradas en el modelo social de moda en el lugar… o, ¿estaría mejor dicho “clase social”?

Se lleva mucho decir yo no soy ni feminista ni machista, como si un término fuera el contrario al otro. El feminismo no busca la discriminación del hombre a favor de la supremacía de la mujer, busca la igualdad de oportunidades, derechos y responsabilidades. El machismo busca la supremacía masculina. Y cuando me preocupé de saber qué era el feminismo pensé, soy feminista y además, me pareció importante empezar a hablar como tal.

Buscando esa igualdad, nos encontramos con muchas barreras, una de ellas que somos una sociedad sexista y lo manifestamos mucho en el lenguaje con la utilización del género gramatical masculino como genérico.

Nos hace falta concienciación general, implicación y compromiso político de las instituciones, conocimientos sobre alternativas no sexistas, las grandes ausencias son las campañas de sensibilización y las acciones formativas. Pero sobre todo querer y esforzarnos por cambiar esta sociedad sexista que nos oculta como mujeres y por lo tanto nos excluye.

El lenguaje cambia a lo largo de la historia, como  cambia nuestra sociedad, pero cuando se reclama un cambio en el lenguaje y, por lo tanto, de la sociedad, cuando se reclama un uso del lenguaje que incluya a la mujer, aparecen los y las ojipláticas con su rigidez diciendo que agrede a las normas gramaticales, cuando no es cierto, que es muy pesado escuchar hablar todo el rato las, los, los, las, será que hay que esforzarse un poco por ese cambio, será que hay mucho chiste con el tema y no queremos ser objeto de bromas. Aparece la duda de si ser feminista y de derechas estará bien visto, no queráis saber las veces que me encuentro con esa duda, que yo no puedo resolver, sólo se me ocurre un  ejemplo; que no me imagino, como feminista, apoyando a un grupo de ultraderecha, con las opiniones que tiene sobre la mujer. 

A mí me preocupa la despreocupación, me preocupa las pocas ganas de participar en ese cambio por miedo al qué dirán, me preocupan esas modas antiprogreso.

Nuestros niños y niñas tienen derecho a crecer en igualdad. Unos y otras deben tener las mismas oportunidades y posibilidades para desarrollarse en función de sus capacidades reales y sus preferencias, y no basándose en estereotipos marcados por una sociedad patriarcal.

Para ello, es importante que todos y todas, hombres y mujeres, trabajemos en común: familia, escuela, la sociedad en su conjunto e, incluso, el Estado, comunidades autónomas y ayuntamientos. ¡Pero debemos empezar desde la pequeña escala, es decir, desde casa o el colegio” (Intermon Oxfam)

Esto es lo que debería estar pasando.

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